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Durante el verano nuestra piel ha estado expuesta a grandes dosis de radiación solar. Como comentamos en el post anterior, esta radiación tiene efectos perjudiciales más allá de las quemaduras solares: la radiación ultravioleta A favorece aparición de manchas y disminuye la elasticidad de la piel, provocando la aparición de arrugas.

Por ello, debemos seguir una rutina diaria de hidratación similar a la realizada durante el verano, aún si en otoño no exponemos tanto nuestra piel al sol. Como norma general, es conveniente mantener la piel hidratada, lo que favorecerá el mantenimiento de la función barrera.

La piel es un órgano que requiere de agua para mantener su homeostasis y preservar la función barrera. Esta función está realizada mayoritariamente por el estrato corneo, que es la capa más superficial de la piel, y se mantiene hidratada gracias al agua transepidérmica que proviene de la dermis [1]. El estrato córneo tiene un porcentaje de agua de entre el 10 y el 20%, la pérdida por debajo de este 10% produce sequedad y fragilidad en la piel.

Para mantener el agua transepidérmica es preciso utilizar humectantes que absorben y ayudan a retener el agua en la piel manteniendo la función barrera. Los humectantes más utilizados en el mercado cosmético son los orgánicos (propilenglicol, glicerina, sorbitol), en menor medida encontramos los humectantes inorgánicos (cloruro cálcico) y metalo-orgánicos (lactato sódico) [2].

Con el frío, vuelven las afecciones de la piel

Los cambios bruscos de temperatura y la llegada de un clima más frio favorece la reaparición de brotes de enfermedades cutáneas de carácter inflamatorio como son la psoriasis, la dermatitis atópica, la rosácea, pero también de trastornos de la piel como el acné.

La sequedad ambiental exacerbada por el uso de la calefacción provocan una reducción en la hidratación de la piel, lo que promueve la aparición de lesiones cutáneas que cursan con enrojecimiento y, sobre todo, picor. El tratamiento de la dermatitis atópica se dirige mayormente a restablecer la función barrera de la piel, lo cual implica, como hemos visto antes, la hidratación y reparación de la piel pero también una reducción de la inflamación con la aplicación de corticoesteroides e inhibidores de calcineurina por vía tópica. Los tratamientos para en reducir la inflamación en psoriasis se basan también en corticoesteroides, pero además, retinoides y análogos de la vitamina D por vía tópica [3-6].

En cualquier caso, tanto la dermatitis atópica como la psoriasis requieren de una serie de pautas de higiene para el correcto cuidado de la piel. En términos generales se recomienda lavar la piel con agua templada durante 10 o 15 minutos para hidratarla y limpiarla, pero evitando jabones con fragancias y alcoholes. Tras el baño, es recomendable utilizar lociones o cremas con ingredientes activos que mejoren la hidratación y calmen el picor.

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¿Por qué aumentan los brotes de rosácea y acné en otoño?

La rosácea se manifiesta con enrojecimiento de la piel, principalmente en la cara, y tirantez con sensación de picor y ardor. En los casos más graves de rosácea se puede producir una hipertrofia de las glándulas sebáceas.

La rosácea tiene tanto un componente genético como ambiental, entre los agentes ambientales destacan la exposición a los rayos ultravioleta y los cambios de temperatura. Es por esto por lo que la rosácea se manifiesta tras el verano, cuando más hemos expuesto la piel a la radiación ultravioleta del sol y la temperatura ambiental es mucho más baja.

Al igual que la rosácea, los brotes de acné son más frecuentes en otoño. Esto se debe a que al bajar la temperatura, la piel tiende a acumular células muertas que, mezcladas con bacterias, pueden obstruir los poros de la piel provocando la acumulación de grasa.

En ambos casos, lo mejor para prevenir la aparición de estos brotes es mantener una buena higiene de la piel, evitando productos limpiadores que resequen en exceso, pues esto estimula la producción de grasa en la piel [7]. Del mismo modo que sucede con los casos de psoriasis y dermatitis atópica, es importante mantener hidratada la piel pero con emulsiones o lociones libres de aceites. En los casos prominentes de acné, es conveniente utilizar productos hidratantes con ingredientes activos seborreguladores como son el ácido salicílico, el cual permite controlar la producción de grasa de las glándulas sebáceas [8].

Función barrera

Las afecciones inflamatorias de la piel como la piel sensible o la rosácea, afectan a la función barrera y a su capacidad para mantener hidratada la piel. Es por ello necesario, incluir en nuestra rutina diaria productos con ingredientes activos y funcionales que mejoren la calidad de la piel, hidraten y protejan la función barrera.

En AntalGenics desarrollamos ingredientes activos cosméticos con diversas propiedades beneficiosas para la piel sensible o afectada, mejorando su capacidad de protección, hidratación y disminuyendo la sensación de picor.

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Bibliografia

1. Muñoz, MJ., Offarm (2008) 27 (11): 48-51.

2. Codina, A., Offarm (2001) 20 (3): 93-98.

3. Akdis CA, Akdis M, Bieber T, Bindslev-Jensen C, Boguniewicz M, Eigenmann P, Hamid Q, Kapp A, Leung DY, Lipozencic J. J Allergy Clin Immunol. (2006) 118:152–69.

4. Krakowski AC, Eichenfield LF, Dohil MA. Pediatrics. (2008) 122:812–24.

5. Lee JH, Son SW, Cho SH. Allergy Asthma Immunol Res. (2016) 8(3):181–90.

6. Weidinger S, Novak N. Lancet. (2016) 387(10023):1109–22.

7. Zip, C., Skin Therapy Letter. (2017) 22(3):5-7.

8. Azcona-Barbed, L., Farmacia profesional. (2004). 18 (8): 58-63.